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Archivos para octubre, 2007

Plenilunio

Roza pues con tus labios el dormido
pubis de la luna,
embriágate de lúbricas mareas,
azul bajo los astros, efímero, insaciable
recobra tus caminos, vuela o calla.

Neblina sigilosa o beso errante
vuélcate sin cuidado, sé tú mismo,
cabalga en el espacio que ambicionas
para tu suerte próxima
a lomos de una estrella incontenible.

Tendrás la llave de todo paraíso.

Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes.

***

En 1981 Alberto Vega y yo pusimos en marcha la editorial Plenilunio, nombre elegido por Alberto. Memoria de la noche (1981) es el único libro editado bajo esta marca (el primero fue Brisas ligeras, en 1980, publicado como edición de autor) antes de ser impugnada administrativamente por su similitud con otra ya registrada. «Plenilunio» es también el título de uno de los poemas de Memoria de la noche y, gracias a Ricardo Labra, que lo supo ver de manera inmediata, el del libro que recopila toda su obra, Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005).

«Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes», el último verso del poema, resultó premonitorio.

Borges nos daría la pista con su Luna de enfrente para reiniciar la aventura como Luna de Abajo, en 1982, con la decisiva colaboración de Álvaro Díaz Huici, editor de referencia (y amigo para siempre) al frente de su entonces ya mítica colección Aeda de poesía. Pero esto ya es otra historia.

Memoria de la noche consta de tres partes, «I. Memoria de la noche», «II. Signos de amor y muerte» y «III. Fatalidades». Cada una de ellas lleva una portadilla con el dibujo de una escalera exterior que da a una vieja casa, el mismo espacio escénico en el que se representan diferentes motivos y que se reproduce solitario en la cubierta del libro.

Helios Pandiella

***
De «I. Memoria de la noche»:

Noches: panteras del recuerdo

Pudieran ser
montañas vertebradas o infinitas
arenas de un reloj,

sombras desnudas que a tientas agolparan
gestos y miradas anteriores
a su regreso álgido y confuso.

Innumerablemente me abandono
a sus múltiples huellas:

ciertas noches vividas aún me turban,
como panteras inquietantes del recuerdo
vibran bajo las formas del poema.

***

Nocturno

Esos días son reptiles que te asaltan.

Y vuelves, tú lo sabes, desgarrado,
con esa llama sutil de interrogantes
bailándote en los ojos.

Y apartas los libros casi a manotazos
—fiebre, ginebra insomne,
música helada y sábanas de olvido—.

Y te hundes en la noche de tu cuarto
atroz y solitario
como un perro que se lame los testículos.

***

El texto que sigue aparecíó escrito en las solapas de Memoria de la noche y es de Eugenio Torrecilla, alma de la tertulia literaria de Langreo y de alguna forma maestro admirado por la generación del poeta:

«Con esta nueva entrega, esa voz de la noche que es el verso de Alberto Vega vuelve a dejarse oír. Ya su libro anterior, mejor que Brisas ligeras, título engañoso y excesivamente modesto, podía haberse llamado muy bien «Fuego nocturno», porque entre sus sombras —y abundan en él las sombras— crepita la llama que devora al poeta. Desvelado por frustraciones muy hondas (los sueños de la vigilia, alimentados por el ideal —esa «suelta llama del fuego» que prende en los corazones jóvenes— son difíciles de cumplir y dejan en el ánimo un regusto amargo) Alberto Vega parecía rehuir la confrontación del día y refugiarse en las tinieblas. «Y fue la noche suficiente cómplice», leíamos en el prólogo del libro, cuyo poema inicial repetía: «Vidas imposibles / cabalgando / la cintura de la noche».

De la continuidad de su tránsito por esa oscuridad propicia, nos da referencia ahora en Memoria de la noche. Y entre la algarabía confusa que nos despierta a los plácidos burgueses, por encima de «el ruido y la furia» desatados por los muchachos que cruzan bajo nuestras ventanas arrastrando «la pobre loba» de su juventud —que decía Machado— llega de nuevo esta voz articulada y precisa, intérprete del clamor de estos «ciudadanos de la noche / pálidos restos de luna y marihuana» cuyo paso nos inquieta. En la poética que abre el libro, deja bien claro su propósito de «ahondar en el grito ritual» y bucear en el «infortunio colectivo», traduciendo aquel grito en «equivalencias literarias».

Debe el lector, por tanto, hacer un esfuerzo y descifrar el mensaje de una generación incomprendida que le llega en estos versos.

Hay desencanto en el presente Memoria, hay rabia contenida. Son noches sin lunas decorativas las de Alberto Vega, aunque en ellas clarea el consuelo humano del amor —si bien amor y muerte van ligados en el título de uno de los tres capítulos que componen el tomo.

Le es difícil a nuestro poeta encontrar su camino vital en la oscuridad. Por algo acude a estos versos de García Lorca para reunir el primer grupo de poemas: «He visto que las cosas / cuando buscan su curso encuentran su vacío».

Se trata del vacío existencial que se extiende ante el hombre, más allá de la zanja donde yacen las ilusiones. La lucidez engendra desiertos, pero aún en ellos existe un caudal de agua subterránea que se manifiesta en la maravilla de los espejismos. Y es necesario avanzar sobre la arena estéril, o entre las sombras, avanzar siempre con un sueño en la mente. «Sueña el árbol…» ¿Cómo no ha de soñar el hombre, «sombra incierta cobijada / bajo sueños…»? Efectivamente, Alberto Vega, «así el hombre».

***

De «II. Signos de amor y muerte»:

III. Rito

No, no hay nada aquí
(o apenas un constante desatino).
Nada en el cuarto:
únicamente el mundo que se agolpa.

(Nosotros, una gota que desborda
la música del vaso.
Auténticos al menos si libres la quimera.
Nosotros, conciencia de los necios
que fingen y envejecen
en tanto apuestan la derrota de su vida
a una carta marcada por la dueña costumbre).

No hay geometrías, ni lazos, ni verdades,
ni paraísos líquidos, ni huellas.
Tan sólo un cuerpo, un ser tan sólo,
despoblado, mar de dos, forjado a tientas.

***

VI. Fin

Piensa en quien así habla,
sólo un hombre
o soberbio mendigo, voz resuelta
que llama pan al lecho y aborrece
las horas destempladas como flechas,

que se embriaga de sol y de aguacero
tras el paisaje de la hembra luminosa
en esas noches absolutas y confusas,
plenas de libertad y encrucijadas,
decrépitas de estrellas, gritos, almas.

(Y mirabas al techo y te decía:
en amor nos embarcamos ciegamente
para eludir nuestra esclava condición
de hombres atravesados por la urgencia
de lo que no poseemos…)

***

De «III. Fatalidades»:

Así el hombre

Sueña el árbol en su trono solitario
un capricho de trinos y alamedas.
Las ciudades con un soplo de azahares.

La vieja luna besa
el delicado cuello de los cisnes.
Araña tierra seca el vertebrado rayo.

Brama el toro, se miente
nacido para el asta de su fuerza.
La errante nave ondea su esperanza imbatida.

Así el hombre:
sombra incierta cobijada
bajo sueños,
pasiones pa pasiones
pasiopasiopasiopasioy megalomanías.

***

Legado del buen suicida

«Su ritmo se quebró, mi voz abriga
ladridos de silencio.

Lo confieso, ya no estoy enamorado
de la canción aquella que os decía,
si en mis labios duelen versos de infortunio
sabed que los leí de vuestros ojos.

Amargo fin de mis híbridas pasiones,
de mis gentiles máscaras,
de todo
lo que fuera tan mío y tan ajeno…

Si en mis labios duelen versos de infortunio
también en vuestros ojos, también en vuestros ojos».

***
Característcas:
• Año 1981 (ISBN: 84-300-5325-5)
• 15 x 21 cm, 48 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

***

plenilunio-0033b.jpg

El Ayuntamiento de Langreo, con María Esther Díaz García de alcaldesa, ha tenido el acierto de editar, a propuesta de la asociación Cauce del Nalón presidida por Francisco Villar, el libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que recopila toda la poesía del langreano Alberto Vega (1956-2005). Una iniciativa que constituye un doble reconocimiento y homenaje al que es un importante poeta español contemporáneo y al que fuera empleado municipal, responsable del Área de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Langreo desde 1985 e impulsor de numerosos proyectos culturales.

En su edición hemos participado sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella. Luna de Abajo figura como marca editorial en el libro.

A continuación, cuatro fragmentos de los textos introductorios escritos por cada uno de nosotros para el libro, intercalados con poemas que Alberto nos dedicó en diferentes entregas poéticas.

***
El título Plenilunio de esta recopilación de la obra de Alberto Vega, lo explica Ricardo Labra:

[...] «Plenilunio no es un facsímile de los libros de Alberto Vega, pero sí contiene cada uno de sus poemas, de sus palabras, de sus guiños y destellos, para que de sus páginas surjan las lecturas sosegadas, las antologías temáticas y los estudios críticos que pongan en valor su valiosa obra.

El título de esta recopilación, Plenilunio, lo puso el propio Vega con la intención de nombrar a una editorial de poesía, sin saber que en aquel momento le estaba poniendo nombre a su obra poética. ¿Quién podía saberlo entonces? Al realizar las últimas correcciones del libro nos hemos dado cuenta de ello, por eso, con emoción, se lo devolvemos.» [...]

***
Centro

para Ricardo

Hay un sabor a nada en cada trago,
en cada gesto avanza una prisa sin olas,
sin sentido los pájaros
sobrevuelan la luz roja de un semáforo,

fruta imposible y vana. Crece un canto
de peces de latón y hojas enfermas
en oídos abstractos,
un rumor a hombre solo por debajo del ruido.

Yo camino despacio

(Es decir, estoy vivo).

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
Noelí Puente:

[...] «Un poeta local y universal a la vez. Local porque muchos de sus poemas se desarrollan en un paisaje físico que reconocemos, en una ciudad que es la nuestra, nuestra cuenca, nuestra Felguera. Y universal porque a la vez trasciende esos límites físicos y ese espacio se convierte en la ciudad que cada lector lleva dentro, encuéntrese éste en La Felguera o en Madrid, en Sevilla o en Nueva York. Es un poeta moderno, en el sentido bodeleriano, que deja meridianamente clara su actitud ética en cada uno de sus poemas. Una clase de poeta que demuestra cómo escribir verdadera poesía no es un ejercicio de bibliografía aplicada, sino un acto de talento creador cruzado con la vida.» [...]

***
Día martes no trece

Con Noelí Puente

Era incapaz de escribir una palabra
ese martes cualquiera que refiero.

Era un martes —ya dije— como otro cualquiera,
si al menos fuera lunes —me dije— qué sencillo
culparle del asunto: Quién no sabe
que es un día nefasto y sin ningún prestigio.

Era un ir y venir de pensamientos romos
tras la castrada lujuria de las letras,
una trampa tendida en lo más hondo:
Allí donde no reina más que el tedio

(Era el silencio quien rondaba por mi casa,
quien se acercaba de puntillas a mis versos)

De Historia de un nudo (1992)

***
Miguel Munárriz:

«[...] Si la poesía moderna y la modernidad existe por Baudelaire tú también has inventado esa ciudad cosmopolita en la que nunca viviste y le aceleraste el corazón y la convertiste en ti mismo y peleaste en ella la palabra aristocrática y esbelta con el vulgo apestoso y maloliente del crimen. Inventaste como él los dominios excelsos de la poesía que sube del infierno y busca la protección del Ángel, el tiempo perdido y recobrado por la voz que redime la poesía. [...]»

***
Perfume de una flor pisada en las aceras

Con Miguel Munárriz

Demasiadas aceras, hemos visto
cruzar miles de rostros
anónimos en busca de un pensamiento claro.

Podría cambiar todo
si existiera un dios cercano y bondadoso
en la ciudad del agobio y la costumbre.

Podría cambiar todo
al embriagarnos de gestos y palabras
si no sabe ya el vino más que a niebla

(Al descubrir que ser feliz no estriba
en hacer únicamente lo que quieres,
sino en querer simplemente lo que haces).

De Historia de un nudo (1992)

***
Helios Pandiella:

[...] Alberto decía que el poeta es un «solitario solidario», un defensor de lo inútil, «aquello que no tiene valor de cambio en una sociedad instrumentalizada», solidario con «la soledad de fondo de cada hombre». Razones éticas y estéticas profundas con las que explicaba su vocación y dedicación a la poesía que, para un descreído como yo, no avalan por sí mismas al buen poeta. Y Alberto es un buen poeta, universal, las cualidades de su poesía se deben únicamente a su personal voz, a su intransferible manera de decir; por lo que nunca precisó una oficina de política lingüística para existir. Buen poeta no porque quiso, sino porque pudo.

***
Trama

para Helios

Al norte del recuerdo cuántas horas
de fatigar aceras…

Qué niño fuimos, qué dibujo de tiza
lentamente se borra de los muros,
dónde la adolescente imaginada
como un beso profundo entre dos sueños,
o es acaso mentira que solíamos
de bar en bar desalojar el miedo
y alzar guitarras contra el aire clandestino,
que todos los caminos se incendiaron
para nosotros de falsos paraísos
y luego el duro golpe de un cuerpo despoblado…

Tal vez es la ciudad quien nos inventa
y a su capricho traza nuestras vidas
como intrincados signos de su propia historia.

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
alberto-vega-dibujo.jpg

Y el poema que cierra su último libro Estudio melódico del grito (Visor, 2005):

Un soneto disonante

No quisiera morirme sin haber vivido,
sin haber exprimido el zumo de mis horas.
Como quien rompe un acta levantado a solas
multiplico por cero las cifras del destino.

Siempre olvido el paraguas en el bar,
el sombrero del tiempo sobre mi cabeza.
Algunos días grises me inyecto en las arterias
la gota que rebosa el vaso del azar.

Deshilvanados trazos de rimas arrimadas.
Balas que silban a espaldas del presente.
Fronteras transgredidas con pasaporte falso.

Soy transparente a la luz de la memoria.
Vuelvo a calzar los pasos en mis zapatos viejos.
Y lamo las heridas del tiempo en estos versos…

***
Características:
• 15,5 x 21,5 cm, 296 páginas.
• Impreso a una (interior) y dos (cubierta) tintas.
• Tirada: 2.000 ejemplares
• PVP: 8 €
• Interesados: info@pandiellayocio.com

***

cuaderno-de-la-ciudad-b.jpg

Encuentro

Esta ciudad no tiene rostro.

Un hombre sueña flores de Ketama,
mientras dobla la esquina de los días
y le arden los ojos busca en vano
el tren azul que silba en sus zapatos.

Una mujer regresa de París,
camina por las calles con el hijo
que no tuvo, en vano se detiene
ante un hombre al que ya no reconoce.

Esta ciudad no tiene rostro.

***
De todos los libros de Alberto Vega, siempre sentí especial predilección por Cuaderno de la Ciudad (Luna de Abajo, 1984), tanto por el poemario como por su peculiar edición, cuya característica distintiva se debe a una feliz propuesta de Noelí Puente. Me reitero en ello tras el proceso de compaginación del libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que ha editado el Ayuntamiento de Langreo y que se presentará el próximo viernes, 19 de octubre, en la Casa de Cultura de La Felguera.

Cuaderno de la ciudad parece «un libro menor» que «salió de la imprenta disfrazado de libreta, de añejo y pobre cuaderno escolar» según Vega, pero destinado a ser un gran libro con el paso del tiempo. En él sólo envejece el motivo de un dibujo mío, de 1980, titulado A la busca de lo que pasó al lado, el otro día y que sustituyó al habitual de la escena de animales salvajes que se reproducía en aquellas libretas escolares de hace cuarenta años.

a-la-busca.jpg

(↑Hacer click para aumentar)

***
Fantasma

para Michi

Un fantasma es quien te llama por tu nombre
de forma inesperada
en una calle concurrida, entonces sientes
que se confunden en su rostro tus edades
—algo así como un vértigo inconcreto—
mientras buscas al azar en el desván del tiempo
la sombra más antigua del perfil que olvidaste.

Si en cuestión de segundos recuperas la infancia
y ese amigo lejano te sonríe
con la misma mirada con que lo hiciera antaño,
date por satisfecho, le has devuelto
al mundo de los vivos.

Por idéntica razón habrás resucitado

***
José Luis García Martín escribió, a modo de epílogo de Cuaderno de la Ciudad, un texto de indudable interés y calidad. Reproduzco los cuatro últimos párrafos:

«Las aceras insistentemente fatigadas (el adjetivo remite a Borges), las calles invadidas por desconocidos, el refugio de algún bar, cierta plaza con muchachas —también los gatos nocturnos y en celo—, tales son los vagos elementos urbanos que se mencionan en estos poemas. No hay culturalismo ni referencias concretas: Alberto Vega habla de cualquier ciudad, de la cárcel sin muros donde erramos todos.

Sin muros y sin escapatoria: «No soy yo quien ha salido esta mañana», leemos en el poema Viaje, irreales resultan cuantos pasos creemos dar fuera de su angosto perímetro.

Un hombre deshabitado entre la solitaria multitud de una ciudad que está en todas partes y en ninguna. Ése es el tema de este libro.

La ciudad como marco inexistente de una ausencia. Una ciudad de palabras asordinadas y pudorosas que nos conmueven con su cernudiana queja por «vivir sin estar viviendo».

***
Perdedor

para Noe

Entonces era joven, tenía los bolsillos
llenos de golondrinas,
por el contrario en la cabeza le anidaron
aves un tanto raras, pájaros del deseo.
Sus amigos se casaban los domingos
casi tranquilamente
o morían de golpe sin cuidarse
de dejar cuatro letras explicando
qué razón poderosa
les había empujado a esquivar la mirada,
cambiar de acera o sonreír con cara
de imbéciles profundos ante un pez de colores

(Esta banal historia no tendría
la menor importancia de no ser por el hombre
que navegaba ríos de ginebra
y hablaba solo en un café mientras se hundía
entre las piernas abiertas de la noche).

***
Según Ricardo Labra «La poesía de Vega tiene a la ciudad como argumento, como palimpsesto instrumental de la mayoría de sus poemas. Una ciudad sin nombre y sin rostro, anónima y universal, pero con un perfil nítido e inconfundible. Una ciudad amiga y enemiga, una ciudad amada y cainita, una ciudad áspera y germinal en cuyas sombras se debate el personaje poético del autor de Cuaderno de la ciudad, atrapado en la trama fatal de sus calles como un nuevo Ulises urbano o un Teseo en el laberinto de un destino demasiado previsible.»

Por mi parte, subrayar lo obvio en estos tiempos en que las particularidades pueblerinas han adquirido rango de normas oficiales, que la poesía para el hombre que «dobla la esquina de los días» en la «ciudad sin rostro», «anónima» de Alberto Vega está escrita —dada su vocación universal— en la misma lengua que utilizan para comunicarse los habitantes de Madrid, La Habana, Caracas o Buenos Aires, posibles lectores de cualesquiera de estas u otras ciudades de habla hispana que pudieran identificarse con los versos de Alberto Vega sin que medie traducción alguna. Porque el idioma en la poesía es, como la piel en el cuerpo humano, su mayor órgano. Las emociones estéticas, la Belleza, las verdades trascendentes no hacen un buen poema, lo hacen las palabras elegidas, exactamente esas y no otras, para componerlo según la personal manera de decir del poeta. La que nos importa.

Helios Pandiella

***
Zona

Aún se llena de muchachas y de círculos
la plaza aquella, giran todavía
en la tarde los colores de sus ropas
por las calles del barrio hasta perderse luego
entre el humo delirante y las cervezas

(Ellos saben que a la hora acostumbrada
se irá tanto deseo de los ojos.

Algunos permanecen aguardando la música
improbable y feliz de una aventura).

Yo nunca más he vuelto, aunque se dice
que un hombre sin pasado algunas noches
—especialmente tristes— contempla las paredes
y fuma silencioso y se emborracha
y paga con decoro y se va y nadie sabe
que ha cumplido una cita con sus sueños de aire.

***
Características:
Alberto Vega: Cuaderno de la ciudad, Langreo, Luna de abajo, 1984 (ISBN: 84-300-5325-5)
• 15,5 x 21,5 cm, 28 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [Agotado]

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