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Edición y diseño gráfico

Archivos para junio, 2008

Este mes de junio se inauguró en Oviedo la IX Exposición Urbana de Mupis de Motiva 2008 titulada ¿Diferentes?, una actividad organizada por la Escuela de Arte de Oviedo de la que ya informamos sobre nuestra participación en una entrada de febrero.

Y la semana pasada ha sido noticia destacada, así como tema de opinión de muchos comentaristas de prensa y radio, la intervención estrella de la ministra de igualdad Bibiana Aído en el Congreso y sus declaraciones posteriores saliendo al paso de las críticas que suscitó. Una buena ocasión para recordar con esta entrada la VI Exposición Urbana de 2004, titulada Contra la violencia de género.

Las ideas de la ministra, todo eso de la «nueva masculinidad», «el nuevo modelo de sociedad», «la superación de la sociedad patriarcal», etcétera, no son originales, son moneda común de la corrección política «progresista». Podrían formar parte del guión de una película del decadente realizador canadiense Denys Arcand.

↑Gijón, 2004 (Fotografía de Ricardo Morales, Escuela de Arte de Oviedo).
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Como el trabajo de los diseñadores gráficos consiste, según la literatura especializada, en comunicar, la Exposición Urbana de Mupis de Motiva es una buena plataforma para demostrarlo. Así que ahí acudimos casi todos, diligentes e ingeniosos, con nuestra munición de clichés iconográficos a despertar la conciencia de los ciudadanos y ciudadanas. O sea, a propagar las ideas que defiende la ministra Aído.

Una de las imágenes más destacadas de la muestra Contra la violencia de género es la que presentó Daniel Nebot: un dibujo en forma de pictograma de unos genitales masculinos que, a su vez, forman la empuñadura de un cuchillo. Una metáfora visual que entusiasmó a nuestro querido amigo Pepe Monteserín y que recogió en su libro Mil kilómetros de alambre. Antología de croquis engañosos.

↑Mupi de Daniel Nebot en la Exposición Urbana de 2004, Gijón (fotografía de Ricardo Morales, Escuela de Arte de Oviedo)
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Es una imagen potente y bien realizada, no cabe duda, por algo Daniel Nebot es uno de los mejores diseñadores, pero hay que destacar, por encima de su valor formal, la idoneidad de su fuerza simbólica para ilustrar el contenido ideológico que inspira la Ley de Identidad de Género: «el hombre, por el hecho de ser hombre, maltrata y asesina a la mujer por el hecho de ser mujer».

Lo que contradice la Igualdad que se defiende desde la democracia armónica de manual de EpC en la que parece vivir la ministra, cuyos «déficits» como éste que se nos presenta clasificado con la etiqueta ideológica de «violencia de género» pueden, según ella, corregirse a partir de «nuevos modelos» semánticos y jurídicos.

Por mucha ley Integral contra la Violencia de Género y demás discriminaciones positivas que se quieran inventar, la realidad de nuestro sistema democrático (sobre el que se pretende institucionalizar la Igualdad en términos absolutos creando un ministerio para tal fin) convierten las iniciativas reformadoras de Bibiana Aído en puro artificio.

Porque obvian la discriminación que supone para las víctimas el que a los maltratadores asesinos, lo mismo que a otros abyectos delincuentes (violadores y pederastas o terroristas), se les conceda la garantía de rehabilitarse, de «curarse», de cumplir condena temporal y volver a ser personas en la sociedad civil, otorgándoles la ventaja ilegítima de las acciones criminales ejercidas sobre ellas.

La víctima, que comparte su condición con los familiares y seres queridos, lo es también porque nadie lo evitó. Y si perdió la vida nadie podrá devolvérsela, y si sobrevive ya nadie conseguirá hacer desaparecer las secuelas físicas y psicológicas de la violencia padecida, por mucho consuelo y ayuda de los especialistas de turno que reciba.

Y para qué seguir.

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«Si algún español te pidiere limosna,
levanta los hombros y contéstale aunque no sepas euskera,
Nik eztakik erderaz (no hablo castellano)

Si algún español recién llegado a Vizcaya
Te preguntase donde está tal pueblo o tal calle,
Contéstale: Nik eztakit erderaz.

Si algún español que estuviese por ejemplo,
Ahogándose en la ría, pidiese socorro,
Contéstale: Nik eztakit erderaz»

(Sabino Arana)

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Talmente parece que en nuestra querida España el guión de la escena política lo escribiera un aciago demiurgo siguiendo este método daliniano: «sistematizar la confusión para desacreditar la realidad».

Irrumpe Sr Spock Ibarreche con su proyecto de ley del referéndum y todo cobra un aspecto «paranoico-crítico delirante». Como si gracias al prolijo parlamentarismo fraccionario del «Estado» hubiéramos alcanzado la liberación inconsciente, al albur del automatismo psíquico surrealista.

Pero en la exposición de los motivos del proyecto de ley de marras nada hay de improvisado y menos de descuido racional. Todo obedece a un plan consciente, minucioso y meticuloso, elaborado para sistematizar una actuación política que tiene como fin la secesión del territorio de los «vascos y vascas», el pueblo al que dice representar Sr Spock Ibarreche.

Es decir, el pueblo de «vascos y vascas» nacionalistas. La comunidad de iluminados, reaccionaria hasta la náusea, que vive en un lugar de España (no de Vulcano) donde «se asesina porque los asesinos andan sueltos» (una oportuna tautología empleada por Jon Juaristi) y donde se asesina a los no nacionalistas, como es obvio.

La secesión que busca Sr Spock Ibarreche y los secuaces del partido racista vasco (PNV), sin nombrarla, es una secesión «a conveniencia», «a la carta», que trata de evitar la incertidumbre que acarrearía una separación definitiva de España (la plataforma política que les ha permitido gobernar durante décadas y a sus anchas en el terruño al que dicen pertenece en exclusiva) y no pone en riesgo el negocio tan rentable de recibir más que aportar.

Sr Spock Ibarreche parece mostrarse atribulado cuando reprueba la conducta de los «violentos», los «chicos de la gasolina» que también forman parte de la gran familia nacionalista de «vascos y vascas», por empeñarse éstos en conseguir criminalmente y sin tapujos la anhelada independencia que da sentido al ideario nacionalista.

Pero la realidad es que los etarras, con sus acciones criminales, le hacen el trabajo sucio y procuran solvencia a las aspiraciones soberanistas del PNV «demócrata» frente a los representantes del régimen político del buen rollito y el diálogo de nuestra nación «colonizadora», cuya legislación penal es tan «opresora» que permite que un asesino etarra puede salir a la calle a los pocos años de cárcel y rehacer su vida montando un negocio en un bajo del mismo bloque de edificios donde vive la viuda del hombre que asesinó.

Por eso el eufemismo del «derecho a decidir» (no fueron los nacionalistas los primeros en utilizarlo, hay que subrayarlo) da por hecho que ese «pueblo de vascos y vascas» ya es soberano respecto a España y que lo único que se pretende mediante «consulta democrática» es hacer prevalecer para siempre los privilegios de los que gozan sobre los demás españoles.

Y que el «final dialogado de la violencia» no es ni más ni menos que la legitimación del asesinato como forma de hacer política.

La cita del inspirador de toda esta putrefacta ideología que abre esta entrada, el racista Sabino Arana, lo dice todo.

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